No dejo de escuchar, leer , oir que proliferan las escuelas de padres. Escuelas para aprender a ser padres, madres.
Entiendo que si necesitamos aprender a ser padres es que percibimos el hecho de serlo como un oficio, lo que deja muy poco margen a la naturalidad de una relación materno-paterno filial.
Pero no crean que desapruebo la existencia de dichas “escuelas”, es más, a menudo las veo necesarias.
Lo que sucede es que considero que no es que los padres no sepan hacer de tales, (como dice Mafalda a su madre en una viñeta memorable de Quino…”nos graduamos el mismo día”), sino que no dedican ni el tiempo, ni la atención , ni la dedicación suficiente para ir aprendiendo sin sobresaltos. Y no es porque no lo deseen.
Las condiciones de muchos de las personas en edad de procrear no son las más idonéas para hacerlo.El que tiene la suerte de trabajar, está muchas horas en el puesto de trabajo. La red familiar, salvo en las zonas rurales, está dispersa por lo que es dificil acudir a ella en petición de ayuda; la red social además de ser muy pareja en edad con los jóvenes padres, por lo general se encuentra en la misma situación, y esa “familiaridad” con que se trataba a los vecinos en los años 60 ha desaparecido victima de la seguridad, la intimidad y la independencia asi que tampoco podemos contar con ellos. De los jefes ni vamos a hablar; flexibilizar horarios en favor de la crianza de los hijos de sus trabajadores es un concepto que no existe en su “área de desarrollo próximo”.
Si a esto añadimos que los que son ahora padres primerizos se han criado conviviendo poco, o nada, con familiares de distintas generaciones, no han tenido a su alrededor primos, hermanos, hijos de amigos, o vecinos pequeños se ven con un niño, su hijo, entre los brazos y, a lo peor, es el primero que arrullan.
No puedo imaginar la inseguridad que se debe sentir en esas circunstancias, si no tienes a alguien de confianza que te resuelva las múltiples dudas que te van surgiendo.
Pasados los primeros meses la crianza de los hijos se va complicando. Los niños, al dejar de ser bebes y empezar a demostrar que tienen voluntad y gustos propios, ponen con frecuencia en apuros a los padres que se sorprenden ante la primera rabieta, la primera negativa, el primer conflicto en el parque con otro niño, y no saben como reacionar.
Todos nos hemos equivocado pero lo teníamos más fácil; teníamos modelos. Ahora, mientras el peque está en la escuela infantil o en la guarde todo va bien. Las educadoras suelen responder a las dudas de los padres y orientan en lo que pueden pero según mi experiencia , las pautas que damos con la mejor voluntad, están teñidas de nuestro punto de vista profesional. Nosotras lo vemos fácil. Le pasa ésto o aquello y se soluciona de esta manera. Nos falta la carga afectiva que impregna las relaciones de los padres con los hijos.Nuestra carga afectiva existe pero es distinta.
Pero volvamos a las escuelas de padres que ya hemos visto necesarías en según que circunstancias. ¿Cómo se crean? ¿serán acaso un servicio complementario al de las escuelas infantiles’? ¿qué personal las atendería, sería necesario que los/las profesionales que trabajasen en ellas conociesen a los niños? ¿ qué necesitamos, compartir con otros padres bajo el consejo de alguien con experiencia o la sabia respuesta de una eminencia en psicología clínica?¿ una Super Nany a domicilio o unas pautas sencillas que nos ayuden a una convivencia feliz?…
Estas preguntas nos tendremos que hacer cuando decidamos acudir a una escuela de padres. Y además , cuando se negocie el convenio de vuestra empresa, incluir horarios racionales y compatibles con la vida familiar, excedencias subvencionads, ayudas a la paternidad/ maternidad, y algunas otras cosas que son necesarias para conciliar, de verdad, trabajo y familia.
M.Albericio

¡Menos escuelas para padres y más tiempo para que los padres estén con sus hijos!
Saludos.